La solución para que tu hijo cambie un comportamiento perjudicial NO es el castigo

Partiendo de la idea de que lo que queremos generar es un cambio hacia una conducta más beneficiosa, el castigo no es la solución.

Con el castigo provocamos un efecto choque, que lo que hace es que quieran huir de la consecuencia del castigo, no de la de su conducta.

Cuando como madres o padres, queriendo evitar “males mayores”, y con la intención de rectificar una conducta de nuestros hijos, les castigamos para evitar que la repitan estamos yendo en contra de lo que queremos generar.

¿Qué pensarías si te digo que para que el cambio de comportamiento sea duradero y significativo tiene que haber una intención de cambio detrás?

Las conductas son solo la parte visible de lo que está pasando por debajo de ellas.

Bajo la forma en la que se comportan hay mucho más que lo que se ve externamente. Hay mucho más que lo que se percibe en sus actos, en cómo nos hablan, y en la manera en que reaccionan a lo que les pasa.

Detrás de sus comportamientos hay toda una secuencia de pasos, que en gran medida vienen disparados por una emoción. Una emoción que surge de una necesidad emocional no satisfecha. Esta secuencia normalmente no es visible por los demás. Lo que vemos es lo que reflejan externamente, lo que tiene un impacto en el entorno, y esto se manifiesta en forma de conducta.

El gran contrasentido es que, en muchos casos, ni siquiera ellos mismos no son conscientes de este proceso hasta que tienen el estallido con un comportamiento, y cuando el estallido pasa son conscientes del impacto causado. Esa conducta, en ocasiones, es algo que ellos mismos ni entienden ni saben cómo cambiar.

En ese momento en el que la frustración es máxima, que nosotros como padres pongamos la atención únicamente en la repercusión y en evitarla a toda costa, no les ayuda a encontrar la manera de cambiarlo.

La adolescencia es una etapa de enormes cambios tanto físicos como cerebrales. Y esto les genera gran confusión.

Lo que necesitan de nosotros es comprensión. Necesitan que, en lugar de dejarnos llevar por el resultado final, les ayudemos a entender de dónde viene ese estallido para encontrar otro camino más favorable.

El comportamiento no es descriptivo de cómo es la persona que lo realiza, es la consecuencia a veces “erróneamente gestionada”, de lo que se esconde tras esa conducta.

Los comportamientos forman parte de la manera en que cada uno ha encontrado para adaptarse a las situaciones que vive, y esa adaptación surge de la búsqueda de satisfacer unas necesidades.

La búsqueda de esa adaptación no garantiza que el comportamiento sea el óptimo y adecuado para la persona que lo hace, ni para su entorno.

El comportamiento nace de una intención positiva de cubrir la necesidad que lo ha originado.

¿Qué es lo que pasa cuando queremos corregir el comportamiento sin tener en cuenta qué necesidad emocional lo originó?

    • Lo que pasa es que ese comportamiento sigue teniendo la misma intención positiva y buscará satisfacerla repitiéndose.
    • Los castigos y las prohibiciones en la adolescencia tienen el efecto contrario al que pretendemos.
    • En general, cuando aplicamos la imposición, además de dejar de verles a ellos para ver solo el resultado de su conducta, estamos aplicando una fuerza en sentido contrario, que en lugar de ayudarnos a llegar a un beneficio conjunto nos aleja de ellos.

Seguro que ahora te estás preguntando, ¿y por qué cuando le castigo sí que surge efecto?

La respuesta es sencilla, porque en ese momento el miedo a las consecuencias de no cumplir el castigo es mayor que la otra necesidad. Esto hará que él/ella misma encuentre un camino distinto para eludir ese castigo en lo sucesivo y seguir con su comportamiento.

La pregunta para ti es: ¿en qué medida surge efecto? y ¿el efecto del castigo es el que pretendías que fuera?

En este caso la intención que prevalece es la de evitar la consecuencia del castigo. Pero si lo pensamos un poco, lo que hemos evitado con esto no es que entiendan que su comportamiento no era el adecuado, sino que descubran opciones de cómo seguir haciéndolo sin que nos enteremos.

En el momento en que nos limitamos a juzgar un comportamiento por los efectos que está generando en el entorno, nos estamos perdiendo buena parte de la base de ese comportamiento, y con ello la oportunidad de encontrar la forma de revertirlo.

Comprender un comportamiento no implica justificarlo, pero juzgarlo no nos permitirá ver la necesidad que encierra

Recuerda: La solución para que tu hijo cambie un comportamiento perjudicial NO es el castigo. Cuando lo que queremos es ayudar a cambiar un comportamiento y que este cambio sea duradero, es importante entender la necesidad que se busca cubrir con él. Al identificar esa necesidad, podemos encontrar un camino más orientado a poder cubrirla, lo que facilita que estén más predispuestos a cambiarlo y a responder de manera diferente.

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