¿A qué le prestas más atención de lo que sucede en tu día a día con él/ella?
Nuestro enfoque determina cómo percibimos nuestra realidad. Es lo que nos lleva a poner nuestra atención en ciertos aspectos de lo que está sucediendo, dejando de atender a otros que también ocurren en el mismo instante.
Cada momento de nuestro día entramos en contacto con multitud de estímulos de los que solo apreciamos unos pocos, aquellos para los que estamos más receptivos en ese momento. Los estímulos a los que atendemos son los que se corresponden con nuestro enfoque.
Allí donde pones tu atención es hacia dónde va tu energía.
Vamos a hacer una prueba…
Recuerda por un momento cuando te enteraste de que ibas a ser madre/padre por primera vez. ¿No te pasó que de repente empezaste a ver más embarazadas y padres con bebés por todos los sitios? No es porque todo el mundo se pusiera de acuerdo para tener un bebé al tiempo que tú, sino que el hecho de saber que tú pronto tendrías uno, hacía que estuvieras más receptiva y enfocada en todo aquello que tuviera relación con esa nueva situación.
Tu enfoque en ese momento de tu vida estaba centrado en todo aquello que te conectaba de algún modo con la nueva situación que ibas a experimentar próximamente. Parecía que tus sentidos recibían estímulos que hasta ese momento no habían tenido relevancia para ti.
De repente eras más consciente de la situación que estaba viviendo una madre cuando su hijo lloraba o cogía una pataleta en medio del centro comercial. Podías incluso ponerte en su situación, entendiendo por lo que esa madre estaba pasando en vez de pensar en lo molesto que te resultaba a ti el llanto de ese bebé.
Además de la dimensión sensitiva, el enfoque se rige por otras dimensiones que también dirigen nuestra atención como, por ejemplo:
- La dimensión temporal. Dependiendo de si nos enfocamos en lo que pasó (pasado), en lo que está sucediendo ahora mismo (presente), o en lo que pensamos que va a pasar (futuro).
- La dimensión personal. Dependiendo de si nos enfocamos en nosotros o en otras personas.
- La dimensión relacional. Dependiendo de si nos enfocamos en lo que consideramos la norma (lo común), o en lo que supone una excepción (las diferencias).
Aunque en la mayoría de las ocasiones no caemos en la cuenta de estas dimensiones, nuestra atención y la percepción de lo que está ocurriendo, se ven condicionada por ellas.
Al quedarte enganchada a un suceso pasado, por ejemplo, es más complicado poder conectar con lo que tanto tú como tu hij@ necesitáis en este momento.
En el caso de guiarte por lo que consideras “común” dejarás de percibir todo lo que no se corresponda con ello. Mientras que si lo que buscas es la diferencia, pasarás por alto lo que te sea familiar para centrarte en la excepción.
Cuando dejamos por un momento de enfocarnos en lo que no queremos, para enfocarnos en lo que nos gustaría tener a cambio, generamos un estado totalmente distinto.
Te propongo una práctica:
- Piensa en algo que te preocupa en la relación con tu hijo/a.
- ¿En qué te estás enfocando, en los problemas que ocasiona esto, o en cómo sería la situación sin ese problema?
- Si estas en el primer caso, haz una lista de las acciones que pondrías en marcha si pusieras tus recursos a trabajar para alcanzar la situación que quieres. Tras terminar la lista observa qué ha cambiado en ti al haber centrado tu atención en lo que quieres alcanzar en lugar de en lo que no quieres.
Un cambio de enfoque nos saca de forma inmediata del estado en el que nos encontramos.
Otra cosa que nos ocurre, es que nuestro cerebro tiende a mostrarnos los escenarios de la manera en que los hemos experimentado antes.
Esto hace que nos resulte más complicado imaginar un escenario positivo ante un recuerdo de una situación parecida por la que hemos pasado anteriormente, y de la que tenemos emociones que nos desagradan.
Sabías que el enfoque con el que comenzamos el día dirige nuestra atención hasta que ocurre algo que nos hace cambiar el enfoque, o hasta que nosotros mismos tomamos la decisión de cambiarlo.
Y recuerda: tu enfoque condiciona cómo percibes las situaciones en las que te encuentras. Cambiando tu enfoque puedes cambiar tu percepción y con ella la manera en la que vives esas situaciones.

