Cómo influye tu nivel de energía en la comunicación con tu hij@
Una baja energía te predispone a no ser un buen conductor en la comunicación con tus hijos
El principal componente para tener una comunicación en la que haya entendimiento es establecer la conexión adecuada.
Al igual que para que una bombilla de luz necesita, estar conectada a la red eléctrica, tú necesitas tener la energía adecuada para tener una comunicación que fluya.
Tú eres quien da energía a tu comunicación. Si no dispones de la energía adecuada, la conexión para construir la línea de comunicación termina antes siquiera de poder iniciarse.
¿Qué pasa cuando nos comunicamos con nuestros hijos desde una energía de agotamiento, de angustia, de estrés…?
Lo que pasa es que la energía no es la apropiada para que la comunicación fluya, ni para que el mensaje que queremos transmitir llegue a su destino o que llegue, al menos, de la manera que nos gustaría.
Si nuestra energía está bajo mínimos porque el desgaste es muy grande, esto se traduce en una comunicación de urgencia, poco clara, y en muchos casos con el foco puesto en lo que queremos evitar, en lugar de en lo que queremos conseguir.
¿Y cómo reconocer cuándo estamos “bajo mínimos”?
Normalmente tenemos esta energía cuando estamos agotadas, cuando nos sobre exigimos, cuando pretendemos tenerlo todo bajo control… En definitiva, cuando no nos escuchamos a nosotras mismas ni atendemos nuestras propias necesidades.
Cuando no hacemos caso de nuestras propias necesidades, que como todo ser humano tenemos, entramos en lo que yo llamo modo supervivencia. Y desde el modo supervivencia, en lugar de responder conscientemente a las situaciones que vivimos, reaccionamos a ellas de forma instintiva y automática.
Al entrar en modo supervivencia, nos movemos principalmente para evitar las “amenazas” que puedan surgir, y esto nos hace percibir problemas que desde otro estado no identificaríamos como tales.
Tus necesidades no atendidas te influyen para no ser un buen conductor de la comunicación
Actuamos impulsivamente, la mayoría de las veces lideradas por la emoción que tenemos en ese momento. Y después, cuando la tormenta ha pasado, es muy probable que al echar la vista atrás, nos llevemos las manos a la cabeza y digamos, cómo he llegado a esto. ¿Me equivoco?
Desde esa falta de energía y esa reacción automática, no solo no atendemos nuestras necesidades, sino que tampoco estamos en condiciones de ver las necesidades e inquietudes de nuestros hijos, lo que hace que ellos no se sientan ni vistos ni comprendidos.
Y seguramente estás de acuerdo conmigo en que, desde esa posición reactiva, es muy difícil llegar a tener una comunicación en la que sentiros escuchados.
Sin embargo, desde un nivel de energía adecuado, estamos más atentas a las necesidades de ambos, tenemos más lleno el depósito de la paciencia, y esto nos ayuda a estar más predispuestas a comunicarnos de forma efectiva y afectiva.
Te presento 4 grandes indicadores que te van a ayudar a saber cómo de óptima es tu energía:
- Medir tu nivel de Estrés.
Para esto es importante identificar qué te produce estrés, ya que habrá niveles de estrés que te quiten energía y otros que te la den.
- Conocer tus Emociones.
Las emociones son lo que nos mueve, son lo que hace que decidamos ir por un camino u otro, lo que nos lleva a actuar o a quedarnos parados esperando que otros actúen.
Tomamos las decisiones impulsadas por nuestro estado emocional, y una vez tomada la decisión, buscamos la forma de justificarla racionalmente.
Por esto, identificar las emociones que tenemos, conocer qué nos indican y qué hace que se disparen, es la base para poder evaluar cómo de preparadas estamos a que las comunicaciones con nuestros hijos tengan el resultado que queremos.
- Atender tu Autocuidado.
Debajo de toda emoción hay una necesidad por cubrir, y en esa necesidad no satisfecha está la raíz de la reacción que tenemos a ella.
- Conocer tus prioridades y Motivaciones.
Cuando estamos desbordadas, o nos encontramos en una situación complicada, no es el mejor momento para analizar lo que consideramos realmente importante y establecer prioridades. Ya que, como veíamos antes, estamos en modo supervivencia, y en este modo tendemos a tratar lo que consideramos urgente en ese momento, que no tiene que ser necesariamente lo prioritario o importante para ti.
Y recuerda: Tu nivel de energía está directamente relacionado con tu nivel de paciencia, y con la forma en la que te comunicas con tus hijos. Cuidar tu energía te ayuda a tener una comunicación más efectiva con ellos.
